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La maldad humana y la ira divina

Una breve explicación del comportamiento humano, del porqué de tanta maldad en el mundo, del porqué Dios “no actúa”, su ira, su paciencia y su justicia; respuestas según la Biblia que encontramos en los primeros capítulos de la Carta a los Romanos. A continuación, la paráfrasis de algunos pasajes: La ira de Dios se manifiesta contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad estorban la verdad. Porque no tienen excusa, pues saben de Dios ya que él mismo se los reveló; porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, las entienden claramente a través del diseño en la naturaleza y el universo, por medio de las cosas hechas. Pero no le glorifican como a Dios, ni le dan las gracias, sino que siguiendo vanas reflexiones, se extravían en inútiles razonamientos y su necio corazón queda entenebrecido. Cambian la verdad por la mentira, honran la materia, adoran a seres creados antes que al Creador, profesan ser sabios pero son necios.

Respondamos: “¿Tan difícil es caminar derecho?”

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¿Tan difícil es ser honesto? ¿Tan difícil es decir la verdad y andar con rectitud? ¿Tan difícil es negarse a robar y evitar aprovecharse del poder? La primera dama de nuestro país soltó en twitter esta pregunta que bien vale la pena responderla. Parece una pregunta retórica, de obvia respuesta, pero no es así… Podemos imaginarnos lo que quiso decir y aún presumir a quién iba dirigida, pero si tuviéramos que responder de manera personal, ¿qué opina usted? ¿Le parece que caminar derecho es muy difícil?, ¿a usted le es difícil?

No juegue con el diablo

Ya lo está oyendo. La canción está sonando todos los días por la radio y la Televisión; y le habrá hecho sonreír y hasta bailar con su festiva advertencia: “No juegue con el diablo, no juegue con el diablo. El diablo come candela… No juegue con el diablo. Y te puede agarrar y te puede comerrr…” Obviamente el diablo no come candela, ni creo que con ello se refiera a alguna adicción al cigarro. Tampoco se trata de un consejo para evitar jugar a “las escondidas” con un antropófago. Pero la advertencia, aunque suene divertida, no está lejos de una realidad que bien haríamos en hacer caso, y así evitarnos consecuencias poco graciosas en lo personal, familiar y social.