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Mostrando las entradas etiquetadas como Comunión con Dios

"Dios, un padre que abandonó a sus hijos"

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Esta es una declaración común entre los no creyentes: “Dios no existe, pues si existiera no habría tanta maldad. Y si Dios existe, entonces es un Dios que nos ha abandonado, por lo tanto no vale la pena buscarlo”. Triste concepción que resulta de ignorar lo que la Biblia declara, porque en primer lugar, no es Dios quien se alejó de nosotros, fuimos nosotros los que nos alejamos de él.

Dios está cerca

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Dios no está lejos, él está cerca. Su presencia está en todo lugar. La Biblia dice que “en Dios vivimos, y nos movemos, y somos”*. Y si él está cerca, su amor también. Dios nos ama y su amor no ha disminuido. Él sigue amando a su creación. Ama a todos y quiere lo mejor para cada uno. Él Le ama a usted tal como usted es. Él quiere lo mejor para su vida, su familia, su ciudad y su país. Pero si es así (dirá usted) ¿por qué tanta maldad en el mundo? Si Dios está presente ¿por qué tanta injusticia, enfermedad y muerte? La Biblia nos responde: Es porque la humanidad se ha separado de Dios. Aunque Dios está aquí y su amor con nosotros, nuestros corazones no lo perciben porque no estamos unidos a él. Como el agua y el aceite que pueden estar juntos en el mismo recipiente sin llegar jamás a unirse, así el hombre puede vivir muy cerca de Dios sin estar unido a él ni disfrutar de lo que él es. Los intereses y anhelos de ambos son diametralmente opuestos. Dios ama la verdad, la honestid...

Santos que no fueron “tan santos”

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San Pedro, San Juan, San Pablo y demás santos no fueron perfectos como la tradición religiosa y la imaginación popular pueden hacernos creer. En realidad, la Biblia muestra que tanto ellos como otros siervos de Dios tuvieron momentos nada santos que fueron registrados para nuestro conocimiento. Si sus buenas acciones nos sirven de inspiración, sus pecados y sus consecuencias nos sirven de advertencia. Por ejemplo, los hermanos Juan y Jacobo mostraron ser intolerantes y muy prontos a enojarse (debió ser por esto que Jesús los llamó “hijos del trueno”). En una ocasión, cuando los apóstoles fueron rechazados por un pueblo de Samaria, quedaron tan indignados que se olvidaron de la misericordia y el perdón y desearon que cayera “fuego del cielo” sobre ellos. Jesús tuvo que reprenderles y recordarles que él había sido enviado para salvar y no para condenar. La misión no consistía en condenar sino ofrecer perdón y salvación. Eran apóstoles que tenían todavía mucho por aprender.

Un puente entre Dios y los hombres

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La analogía es simple. Así como un puente se construye para salvar un gran obstáculo, (cruzar un río o un abismo para llegar "al otro lado"); de la misma manera necesitamos “un puente” para unir el gran abismo, ancho y profundo que nos separa a los hombres de Dios. Durante siglos la humanidad ha intentado construir puentes para llegar a Dios. Hoy se siguen construyendo, y a pesar del ánimo de muchos, todos los puentes han caído. Se invierte grandes esfuerzos, constancia, tiempo, dinero, fe; pero siendo meras estructuras humanas, no demoran en aparecer grietas, o soltarse los cables y colapsar. La ruina es grande. Los puentes hechos de estructura religiosa son los preferidos. Se ven bonitos, grandes, parecen funcionar muy bien. Pero la religión, por sí sola no basta para llegar a Dios. La religión es imperfecta, falla aun cuando se tiene las mejores de las intenciones.

Es tiempo de acercarnos a Dios

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Necesitamos volver a lo bueno, a lo correcto, a lo justo a lo honesto. Necesitamos volver a la fuente de toda bondad. Necesitamos volver a Dios. Si persistimos en darle la espalda a la verdad, a la bondad, a la justicia; si seguimos manteniendo rivalidades y un corazón egoísta, si desechamos el perdón, si seguimos caminando en dirección opuesta a la sinceridad, a la lealtad, burlándonos de la fidelidad conyugal y el dominio propio, no llegaremos a ser jamás una sociedad justa y pacífica. ¡Necesitamos acercarnos a Dios!

El testimonio de uno que buscó a Dios

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La Biblia es el registro de quienes experimentaron un encuentro con Dios. En ella encontramos testimonios como el de David, el segundo rey de Israel; pastor de ovejas, músico y poeta, que al sufrir en su vida angustias y temores pudo encontrar en Dios la manera de librarse de ellas. Este es el testimonio que nos dejó:

El religioso y el corrupto

Dos hombres fueron a la iglesia. Uno era conocido en el barrio por ser muy religioso; y el otro por ser un servidor del estado, corrupto y estafador. El religioso, frente al altar oraba en sus mente: “Dios, gracias porque me siento muy bien conmigo mismo, porque no soy como los demás hombres viciosos, borrachos, adúlteros y mentirosos. Gracias porque no soy como ellos, menos como este estafador sinvergüenza que hoy se atrevió a venir a la iglesia. Yo te canto, leo la Biblia todos los días, ayuno varias veces y doy mis diezmos de todo lo que gano, por eso sé que merezco ir al cielo.” Pero en cambio “el pecador” se quedó sentado en las últimas bancas de la iglesia, rehusándose a pasar más adelante. Mantenía la cabeza agachada y entre lágrimas sólo decía: “Dios, ten compasión de mí que en verdad soy pecador…”

La importancia de la Fe

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Sin fe, sin confianza no haríamos nada. No tendríamos amigos, no nos casaríamos, no haríamos transacciones comerciales, no iríamos a un doctor, no subiríamos a un avión; porque confiamos en otros es que podemos sostener las relaciones humanas (aun si lo hacemos con ciertas reservas). Y de manera similar, sin fe es imposible agradar a Dios, porque quien se acerca a Dios, debe creer en primer lugar que él existe, y que recompensa a quien le busca* , tal como lo dice el autor de la carta a los Hebreos, en las Escrituras Cristianas. No se puede tener comunión con Dios sin confiar en él.

Palabra para el que sufre

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"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti”.  (Dios, a través del profeta Isaías cap.41:10; y 49:15) 

Nacer de Nuevo

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“Es necesario nacer de nuevo. El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” *.  Las palabras de Jesús sorprendieron al teólogo y religioso Nicodemo. Él era un judío fariseo, celoso cumplidor de la Ley. No era un mentiroso, inmoral, ladrón o asesino. Todo lo contrario. Se esforzaba por hacer el bien, estudiaba las Escrituras, asistía fielmente a la sinagoga (la “iglesia” de aquel entonces), y esperaba así poder entrar al reino de Dios. Por eso le era incomprensible que tanto él como el más vil pecador, ambos, de igual manera necesitaran nacer de nuevo.

No Diez. Sólo "Dos Mandamientos"

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¿Recuerda los Diez Mandamientos?: I. No tendrás otros dioses delante de mí. II. No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás…  III. No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano…  IV. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es día de reposo para Yahveh tu Dios… 

El Santo de mi devoción

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¿A qué santo se encomienda usted? ¿No lo hace? ¿Está buscando uno? La historia que narro a continuación trata justamente de eso, de alguien que buscó encomendarse a un santo protector. Quizás puede ayudarle a usted también. Alejandro, un joven marino de la armada peruana, se alistaba a partir en su primer viaje por alta mar. Era la primera vez que saldría de su patria, y con el entusiasmo y los preparativos propios de la tripulación, días previos al viaje, notó que varios de sus compañeros llevaban consigo una “estampita”, una imagen del santo de su devoción que la colocaban en su camarote o la portaban en su cuello… “Me lo dio mi madre”, “Este es bien milagroso”, “Es el patrono de mi pueblo”, “A él me encomiendo”… eran algunos de los comentarios que les oía decir y que le causó gran preocupación porque hasta ese día él no era devoto de ningún santo, y si estaba a punto de zarpar a los Estados Unidos de Norte América le urgía conseguir uno para que lo guiara y protegiera.

Cuidado con la "burocracia celestial"

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Si usted quiere tener una buena relación con Dios. Si quiere llegar al Padre, contar con su guía y su bendición. Si quiere hablarle y ser escuchado, o quizás perdonado y empezar de nuevo. Si quiere vivir con él ahora y por la eternidad; entonces debe tener cuidado con la “burocracia celestial”. Sea por desconocimiento, por falta de fe ó por un fuerte sentimiento de culpa, existen millones de personas en el mundo enredados en lo que podríamos llamar una ineficiente y perjudicial burocracia celestial, religiosa pero anti bíblica; que hace que muchos inviertan tiempo, fuerzas y recursos, sin encontrar la paz que anhelan ni establecer una relación de verdadera comunión con Dios. Aún peor, quizás víctimas de estafas hechas por los mercaderes de la fe.

Advertencias respecto al “Padre Nuestro”

Cuando diga: “Padre nuestro que estás en los cielos” , recuerde que es su Dios, él es su Padre celestial, espiritual. Y es cierto que por ser celestial está muy por encima de nuestra naturaleza, nuestra ciencia y capacidad humana, y le debemos respeto; pero también es “nuestro” y está cercano a todos. No es terrenal, por tanto no se equivoca, nunca abandona. Podemos confiar en él. Cuando pida: “Santificado sea tu nombre” , entienda que está pidiendo que su nombre sea santificado, respetado, honrado, reconocido y engrandecido en el mundo. Por ello, sea consecuente con su pedido y no espere que otras personas santifiquen el nombre de Dios sino propóngase hacerlo usted mismo.

Viviendo como ovejas

Todos somos ovejas. Todos seguimos algo o a alguien. Así es nuestra naturaleza. Así nos hizo Dios. Él planeó ser el Pastor y nosotros sus ovejas, dependientes de él, de su guía, de su provisión y sus cuidados. Pero no resultó así. Muchos, creyendo que lejos del Rebaño se vive mejor, se apartaron y decidieron seguir a falsos pastores, alimentándose de vanas ideologías incapaces de saciar el vacío del ser. Para luego terminar vagando sin rumbo, siendo presas de las fieras, perniquebradas y mal heridas. No aceptaron su condición de ovejas. No supieron seguir al Pastor. David, el segundo rey de Israel, quien en su juventud pastoreó los rebaños de su padre; compuso uno de los más bellos salmos*, en el que expresó lo que para él significa vivir como oveja de Dios: