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Ladrón que compra a ladrón, mil años de prisión

Inspirado en el refrán popular que dice: “ladrón que roba a ladrón, cien años de perdón” (por cierto, bastante sospechoso en su origen y cuestionado en su aplicación), propongo uno de menor controversia y creo, de mayor aceptación: “Ladrón que compra a ladrón, mil años de prisión”. Por una sencilla razón: quien le compra a un ladrón está propiciando la aparición de mil ladrones más.

Mitos sexuales de la Biblia

Con frecuencia se le atribuye a la Biblia enseñanzas que en realidad no contiene. La tradición, el desconocimiento y el prejuicio se han encargado de fomentar falsas creencias y mitos, que afecta desfavorablemente a la sociedad. Respecto al tema de la sexualidad tenemos algunas:

Cuando los valientes huyen

“Los valientes no huyen. Los que huyen son los cobardes…” es el concepto general. Todos estamos de acuerdo que se requiere valentía para enfrentar las situaciones difíciles y duras de la vida. Los valientes perseveran, continúan cuando los demás desisten, enfrentan sus temores, deciden por lo más difícil. Pero hay circunstancias en la vida, en que lo más difícil es huir. Y la valentía se muestra precisamente de esa manera: en salir corriendo. Si no, considere las siguientes situaciones:

La locura y el tropiezo de la cruz

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« La cruz. ¿Puedes dirigir la mirada a cualquiera parte sin ver una? Colocada en lo alto de una capilla. Esculpida en una lápida en el cementerio. Tallada en un anillo o suspendida en una cadena, la cruz es el símbolo universal del Cristianismo. Extraña decisión, ¿no crees? Extraño que un instrumento de tortura llegara a representar un movimiento de esperanza. Los símbolos de otras religiones son más optimistas: la estrella de seis puntas de David, la luna en cuarto creciente del Islam, la flor de loto del Budismo. ¿Pero una cruz para el Cristianismo? ¿Un instrumento de ejecución?»

El santo del espejo retrovisor

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Todos conocemos al santo del espejo retrovisor. Casi no hay chofer de ómnibus o automóvil que no lo lleve consigo. Puede ser Fray Martín de Porras, Santa Rosa de Lima, Sarita Colonia ó la imagen de Jesucristo. Su presencia masiva en las unidades de transporte de nuestro país revela la convicción generalizada de sus conductores: ¡Necesitamos ayuda sobrenatural...! Se requiere de un santo para llegar con bien al destino. Y el santo está ahí. Cuelga del espejo retrovisor. En momentos mirando hacia el camino por delante, y en otros mirando al conductor, como si quisiera advertirle de algo. El chofer se propone adelantar en curva, toca al santo, se encomienda a él, acelera y ¡por las justas! no choca con el que venía en sentido contrario… y piensa “ese es mi santo”. Otra maniobra temeraria, un giro brusco a la izquierda, otro a la derecha, aceleración y frenada, y el santo pareciera salir volando… por la cadena que no queda estampado en el parabrisas. El chofer grita, insulta y se enoja....

No juegue con el diablo

Ya lo está oyendo. La canción está sonando todos los días por la radio y la Televisión; y le habrá hecho sonreír y hasta bailar con su festiva advertencia: “No juegue con el diablo, no juegue con el diablo. El diablo come candela… No juegue con el diablo. Y te puede agarrar y te puede comerrr…” Obviamente el diablo no come candela, ni creo que con ello se refiera a alguna adicción al cigarro. Tampoco se trata de un consejo para evitar jugar a “las escondidas” con un antropófago. Pero la advertencia, aunque suene divertida, no está lejos de una realidad que bien haríamos en hacer caso, y así evitarnos consecuencias poco graciosas en lo personal, familiar y social.

La verdadera felicidad

Todos los seres humanos queremos ser felices. La dicha, la paz, la satisfacción en la vida son deseos universales. Nadie se propone ser infeliz. Nadie busca vivir una vida de desdichas y frustraciones. Sin embargo la infelicidad y la insatisfacción en la vida es mucho mayor de lo que podemos imaginarnos. Hay por lo menos dos consideraciones importantes que se debe recordar al buscar la felicidad: Para encontrarla hay que buscarla en el lugar correcto. No se encuentra verdadera felicidad “haciendo lo que uno quiere”. La felicidad no está en las cosas que uno obtiene. No se halla en algún hombre ó una mujer, ni en los hijos que se pueden tener. No es verdadera felicidad aquella que se pretende adquirir con dinero, títulos, fama ó placer. Cierto que por medio de ellas logramos satisfacer ciertas necesidades, disfrutar de momentos gratos, desarrollarnos, ó demostrar amor… pero no es verdadera felicidad.