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¿Es usted una autoridad del pueblo?

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Si usted ejerce un cargo de autoridad no olvide que es Dios quien le ha puesto en tal cargo. La Biblia dice que “suyos son el poder y la sabiduría. Él cambia los tiempos y las épocas; quita reyes y pone reyes, da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos”. No interesa si ha sido elegido por votación o su cargo es de confianza. Dios sigue siendo el dueño y juez del mundo pero le ha delegado parte de su autoridad para que administre y gobierne su creación conforme a su voluntad. No lo olvide. Si usted es autoridad del pueblo tenga en cuenta que la voluntad de Dios es que sirva a sus pobladores y no que usted se sirva de ellos. El poder y la autoridad que tiene es un medio para lograr un fin: contribuir al bienestar de la gente y el desarrollo de la ciudad. Su cargo no es una oportunidad para ganar más dinero ni mucho menos aprovecharse de los demás. Siga el ejemplo de Jesús quien vino para servir y no ser servido.

La diferencia entre el justo y el injusto

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   “Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados,    ni va por el camino de los pecadores,    ni hace causa común con los que se burlan de Dios,    sino que pone su amor en la ley del Señor,    y en ella medita noche y día. Mire con atención a los que caen en actos de corrupción y comprenderá muy bien lo que dice el salmo bíblico*. La próxima vez que vea por la televisión a un congresista inhabilitado por tráfico de influencias, o a un juez atrapado por recibir una coima, o a un delincuente que agacha la cabeza en la comisaría junto a sus “compañeros”, recuerde este salmo y su advertencia: Quien va por “camino de pecadores” no vive feliz. Quizás tiene más pero no tiene paz, teme ser traicionado, huye, se esconde. Al final todos son atrapados.

Madres bienaventuradas

En cierta ocasión, mientras Jesús enseñaba, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: “Bienaventurado el vientre que te trajo… Dichosa la mujer que te dio a luz y te crió”.  Sin lugar a dudas se imaginaba lo que debería sentir María la madre del Maestro y en ese instante se dejó llevar por una “santa” envidia: “Qué feliz debe ser esa mujer al ver en lo que se ha convertido su hijo… un hombre tan bueno, inteligente… un siervo de Dios”. Y cierto, creo que no hay mayor satisfacción para una madre, que ver en sus hijos el resultado de todos sus esfuerzos, sus desvelos y sacrificios. Ellas no reciben un sueldo por ser madres, no tienen una jornada de 8 horas, no tienen sindicato ni pueden hacer huelgas, a veces ni reciben una palabra de gratitud por todo lo que dan. Así que si ven a su hijo e hija triunfar en la vida ellas se sienten realizadas. Si sus hijos son hombres y mujeres de bien y felices, ellas también lo son… “Valió la pena”. “Cumplí con mi labor”.

"¿Acaso el mal va a sostener la humanidad"?

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Hay quienes lo dicen muy bien. No sólo expresan la verdad como es, sino que lo hacen con inteligencia, poesía y melodía, de tal manera que lo dicho queda como un eco en la mente. Ese es el caso del Trío Mar de Plata y varias de las canciones que interpretan. Una de ellas contiene la pregunta que esta nota lleva por título y la escuché por primera vez a inicios de los 90. Aún tengo la canción en un “cassette” que ya no puedo oír, por lo que fue una grata sorpresa encontrarlo en internet. Comparto con ustedes la letra que (con expresiones muy argentinas) nos llama a “ volver a la honestidad ”:

Los "derechos" que pronto se exigirán

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Dentro de poco los polígamos exigirán igualdad. Ellos también pagan impuestos y no deben ser discriminados: ¿por qué el matrimonio debe limitarse a dos personas? – reclaman – ¿Quién dijo que sólo se puede amar a una? La monogamia no es natural. Está comprobado que el hombre es polígamo y es una realidad que hay hombres que mantienen dos o tres familias y esto, con el conocimiento y consentimiento de las esposas. ¿Por qué entonces discriminar a las “otras” a un rango de “amantes”? “Amar no es un delito y si se ama a más de una, mejor” dicen ellos. Acusan que el matrimonio monógamo es una tradición cristiana que en otras culturas y en otros tiempos no se imponía, porque la poligamia era protegida por la ley (incluso en la Biblia). Por todo esto y más, los polígamos exigen que el estado laico permita el matrimonio de un hombre con dos o más mujeres; y por supuesto, también el de una mujer con uno o más hombres.

¿Qué vas a hacer con Cristo?

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La Semana Santa es ocasión para recordar de manera muy especial la muerte y resurrección de Jesús el Cristo. Los personajes de las historias relacionadas con estos días nos permiten reflexionar y meditar en qué habríamos hecho nosotros de haber vivido en aquel tiempo, de haber conocido a Jesús personalmente y tener que decidir frente a él. ¿Qué tal usted? ¿Habría sido como Judas?, ¿cómo Pilato?, ¿cómo Pedro? O como Simón de Cirene que obligado le siguió cargando la cruz. ¿Habría sido como el ladrón incrédulo o el que se arrepintió? ¿El soldado que se burló o el que finalmente declaró su divinidad? Cada uno de estos personajes y otros más como José de Arimatea, María o Juan son una muestra de las diferentes acciones que cada uno puede tomar frente a Jesús. La letra de un himno cristiano reflexiona así:

Antes de aprobar la unión civil entre personas del mismo sexo...

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En el Perú las opiniones están encontradas. Hay un fuerte apoyo a este proyecto de ley a través de los medios de comunicación, sean artistas, periodistas o políticos. Pero también hay un gran sector que no está de acuerdo y que no hace notar su oposición por carecer de las mismas oportunidades de expresión; además que no todos están dispuestos a correr el riesgo de ser ridiculizados como homofóbicos, “medievales”, o fanáticos religiosos. Por ello, la percepción popular es que la mayoría del país está a favor de esta propuesta. Pero la realidad es otra. En setiembre del 2013, una encuesta hecha para el diario La República* reveló que el porcentaje de los peruanos que está en contra de esta unión civil alcanza el 65%, frente a sólo un 26% que está a favor. Y esta diferencia debería ser motivo suficiente para abordar el tema despacio, con seriedad y respeto, escuchando sin burla ni menosprecio a los que no están a favor.