¿Qué anhelamos para nuestros hijos?
¿Qué es lo más grande que podríamos pedir a Dios por ellos? ¿Qué sean
profesionales y tengan mucho dinero? ¿Qué tengan una linda familia? ¿Qué sean
felices? Creo que todos los padres queremos que nuestros hijos sean mejores y
obtengan más logros que nosotros, pero con ese justo anhelo podemos perder de
vista lo más importante. Santiago Benavides nos lo hace recordar. Esta es su
oración en forma de canción:«Que toquen piano, que aprendan canto, que se defiendan en mandarín
Que sean esos buenos alumnos que a pesar mío no siempre fui
Que sean buenos jugando fútbol, factorizando y en ajedrez
Y les encante la tabla periódica, y no la odien como la odié.»
«Que no les nieguen nunca la visa como hace poco me pasó a mí
Y que hablen “british” en vez de “brutish” que fue el estilo que yo
aprendí
Que tengan una bella familia y aquella casa que te conté
Y que mañana cuando estén grandes, aún recuerden que les canté.»
«Pero sobre todo eso sólo hay una cosa que en verdad te ruego:
Que te amen Señor, que te amen. Que su gran ambición seas tú.
Que trasnochen soñando tu reino de justicia, de paz y virtud.
(¿Qué otro tesoro podrían tener que se comparara a la fe?)»
Si creemos en Dios y aún más, le
oramos, entonces, lo más grande que debemos pedirle a favor de nuestros hijos,
es que le amen, y que busquen y sueñen con su reino.
Porque si nuestros hijos aman a Dios,
le obedecerán. Así lo dijo Jesús: “Si me
aman obedezcan mis mandamientos”*. Y no será necesario angustiarnos por lo
qué harán cuando no los vemos, ni por las malas juntas, o las decisiones
equivocadas que puedan tomar. Si aman a Dios confiarán en él, oirán sus
consejos, temerán fallarle, y se
esforzarán por ser justos, fieles, porque Dios siempre los ve. Y si por amor obedecen a Dios, serán felices*.
Si buscan el reino de Dios y su
justicia, se cumplirá la promesa bíblica: “Busquen
en primer lugar el reino de Dios, hacer lo que él exige, y todas estas cosas
(dinero, comida, vestido, vivienda, etc.) serán añadidas”*. Si su ambición es Dios, nuestros hijos tendrán
todo lo demás.
Oremos por nuestros hijos, para que sigan
un camino de virtud, integridad, honestidad, siguiendo las enseñanzas de
Jesucristo. Y mostrémosle como padres el camino… con nuestro propio ejemplo.
* Juan
14:15; Lucas 11:28; Mateo 6:33
