Contra los malos gobernantes

« ¡Ay de aquellos que aun en sus sueños
siguen planeando maldades, y que al llegar el día las llevan a cabo porque
tienen el poder en sus manos! Codician terrenos, y se apoderan de ellos;
codician casas, y las roban. Oprimen al hombre y a su familia, al propietario y
a su herencia. Por eso dice Dios: “Yo también tengo planes contra ustedes. Voy
a enviarles una desgracia de la que no podrán librar su cuello, y ya no podrán
caminar orgullosamente porque serán tiempos de desastre...” »
«Escuchen, gobernantes y autoridades,
¿acaso no corresponde a ustedes saber lo que es la justicia? En cambio, odian
el bien y aman el mal; despellejan a mi pueblo y le dejan los huesos pelados.
Se comen vivo a mi pueblo; le arrancan la piel y le rompen los huesos; lo
tratan como si fuera carne para la olla. Un día llamarán ustedes a Dios, pero
él no les contestará. En aquel tiempo se esconderá de ustedes por las maldades
que han cometido. »
«Mi pueblo sigue caminos equivocados
por culpa de los profetas que lo engañan, que anuncian paz a quienes les dan de
comer pero declaran la guerra a quienes no les llenan la boca…»
«Escuchen esto ahora, gobernantes y
autoridades, ustedes que odian la justicia y tuercen todo lo que está derecho,
que construyen las ciudades y el país sobre la base del crimen y la injusticia.
Los jueces de la ciudad se dejan sobornar, sacerdotes y pastores enseñan sólo
por dinero e iluminados venden sus predicciones alegando que Dios los apoya, y
diciendo: “El Señor está con nosotros; nada malo nos puede suceder”. Por lo
tanto, por culpa de ustedes, su sociedad va a quedar convertida en barbecho, en
un montón de ruinas, y lo más sagrado se cubrirá de maleza.»
«El Señor está llamando a la ciudad,
y es sabio oírle con reverencia: Escuchen, pueblo y consejeros de la ciudad: En
la casa del malvado hay riquezas mal habidas y esas medidas falsas que
aborrezco. ¿Cómo podré perdonar al que emplea balanzas alteradas y pesas
falsas? Los ricos de esta ciudad son todos opresores; mentirosos y engañadores
todos sus habitantes. Por eso he comenzado a castigarte, a destruirte por causa
de tus pecados.»
«Comerás, pero no quedarás
satisfecho, sino que seguirás sufriendo hambre; recogerás provisiones, pero no
podrás salvar nada... Sembrarás, pero no cosecharás; molerás aceitunas, pero no
aprovecharás el aceite; pisarás uvas, pero no beberás el vino… Por eso yo haré
de ti y de tus habitantes un motivo de horror y de burla, y vergüenza...»
No hay verdadera prosperidad para el
que hace mal. El corrupto nunca obtendrá plena satisfacción en esta vida, y ni muerto
descansará en paz. Dios es justo y será implacable; pero es amor y como antes,
hoy también les da una oportunidad, les llama al cambio, al arrepentimiento,
para enmendar lo malo y comenzar de nuevo.
«No hay otro Dios como tú, porque tú
perdonas la maldad... Tú nos muestras tu amor y no mantienes tu enojo para
siempre. Ten otra vez compasión de nosotros y sepulta nuestras maldades. Arroja
nuestros pecados a las profundidades del mar. ¡Mantén, Señor, la fidelidad y el
amor que en tiempos antiguos prometiste a Abraham y a Jacob!»
*
Miqueas 2:1-5; 3:1-5, 9-12; 6:9-16; 7:18-20 Versión Dios Habla Hoy
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