Sólo uno se lleva la copa


“Como ustedes bien saben, en un estadio todos corren. En un mundial todos los seleccionados juegan Pero sólo un equipo se lleva la copa. De la misma manera deben vivir ustedes. Deben hacerlo como si buscaran el título mundial.
Los deportistas, si quieren ganar, deben abstenerse de muchas cosas. Entrenan, se disciplinan y se esfuerzan, y lo hacen por una copa que luego tendrán que devolver, y por una medalla que al morir no podrán llevar. En cambio nosotros, los seguidores de Jesucristo, renunciamos y nos esforzamos por un premio eterno. Somos un equipo que sudamos la camiseta por un galardón imperecedero. Por ovación, gloria, y dicha sin fin.
Por eso, en la cancha de esta vida, yo no corro sin saber a dónde ir. Corro con dirección y propósito. No pateo el balón a cualquier lado, sino que disparo con estrategia. Y entreno, y obligo a mi cuerpo a hacer lo correcto, obedeciendo las reglas, no dejándome llevar por los demás, ni por la ira ni el desánimo. Pues siendo ejemplo para muchos, yo mismo no quisiera quedar descalificado.”

(Palabras del apóstol Pablo en su primera carta a los corintios. Capítulo 9, versos del 24 al 27 ...Si es que en lugar de ver en Grecia los juegos olímpicos del Siglo I, hubiese visto el mundial de fútbol Sudáfrica 2010dc.)

¡Cuánto elogiamos el esfuerzo de los jugadores en la cancha! A esos equipos que lo dan todo, que sin importar los pocos segundos que faltan para el pitazo final, siguen intentando el gol, jugando bien, haciendo temblar con su presencia la portería rival. Así como lo hizo la selección de fútbol de Uruguay en este mundial de Sudáfrica. Aún perdiendo, salen con aires de gloria. Aplaudidos, ovacionados por dar lo mejor. Con su país agradecido por dejar su nombre en alto. Jugaron por la copa del mundo. Nada menos.

La Biblia nos enseña que en la vida deberíamos tener la misma actitud. Deberíamos vivir anhelando disfrutar el premio eterno. Nada menos. Lo que se pueda obtener en esta vida, por más gratificante que nos parezca, pasará y acabará. Pero la existencia que viene luego, durará por siempre. Bien vale renunciar a lo injusto, a lo deshonesto, y a todo aquello que “nos descalifica” en la vida. Y esforzarnos por ser veraces, leales a Dios y a los hombres, cumpliendo las leyes humanas y divinas. Y hacerlo con la misma tenacidad que admiramos de los buenos deportistas.

A diferencia de los premios de este mundo, el premio que da Dios no es sólo para el mejor. Todos pueden obtenerlo. No se trata únicamente de la vida eterna (premio que se “gana” por la fe en Jesucristo), sino de “las coronas” y recompensas que él repartirá por la fidelidad y esfuerzo que mostraron sus hijos para vivir según sus principios, las reglas y las metas del reino de Dios.

Jesús dijo: “He aquí yo vuelvo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno conforme a sus obras.” Todavía estamos en tiempo de juego. Que nuestro desempeño en el campo de esta vida sea el mejor.




Publicado el 10 de Julio del 2010
Foto: El Comercio 177805, 2010-07-11

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