Acerca de la invasión de tierras



Poco o nada hemos aprendido los peruanos respecto al desarrollo urbano. A pesar de haber visto por cincuenta años como las ciudades de la costa crecieron desordenadamente, y aún contando con profesionales expertos en la materia; nuestras ciudades siguen creciendo sin planificación, invadidas por personas que justifican su acción por su pobreza y la carencia de viviendas; impulsados por no pocos traficantes de tierras; y favorecidos por la pasividad de las autoridades de turno que, debiendo hacer prevalecer la ley y el orden, parecieran preocuparse más en cuidar el voto de la próxima elección.

Por ejemplo, lo que está pasando en Juanjuí es sumamente preocupante y desalentador. Juanjuí tiene la oportunidad de proyectarse como una de las ciudades más bellas de la región y aprovechar los recursos que generaría un turismo interno. Rodeada por el río Huallaga, puede contar con un gran y hermoso malecón, construir una moderna alameda regional, temática, cultural y recreativa; un mirador en el barrio de San Juan, etc. Tiene la oportunidad de proyectar su crecimiento con una adecuada zonificación urbana, proyectando calles más anchas, avenidas, con áreas verdes y espacios destinados para la recreación, zona industrial, vía de evitamiento, etc. Pero quizás todo esto sólo quede en ideas y mera ilusión, pues de seguir dándose las invasiones que últimamente hemos visto; en las próximas décadas Juanjuí crecerá y será una ciudad grande pero desordenada, con mayores problemas urbanos, sociales, ambientales y de tránsito; que mirará a estos años y se lamentará por haber dejado pasar la oportunidad de crecer bien.

Todos entendemos la necesidad de contar con una vivienda propia y sabemos de lo difícil que se hace conseguirla y las pocas soluciones que nuestras autoridades han dado al problema. Pero lo que no puede entenderse ni aceptarse es que por dicha necesidad se pretenda “justificar” la invasión a la propiedad ajena... ¿Acaso el hambre justifica la delincuencia? ¿Acaso tener poco dinero justifica robar al estado?; ¿Es justo quitarle el terreno a uno para darle a otro?... terrenos con cerco alambrado, con títulos de propiedad, e incluso con sus dueños habitando cerca. No es justo. No está bien. No le agrada a Dios.

Todos sabemos que uno de los diez mandamientos dice: “no robarás”. En todas las Biblias se puede leer: no cambies de lugar los linderos… ni invadas el terreno de los herederos (Proverbios 22:28; 23:10). Y a pesar de eso, de seguro que en la lista de empadronamiento de los invasores, encontraremos a muchos creyentes en Dios; que se olvidan que para ser bendecidos hay que obedecer.

Los que en verdad confían en Cristo no tienen porque pecar invadiendo el terreno del otro. Jesús le dijo a sus seguidores que no deben afanarse por la vida, la comida, la ropa, ni otra necesidad básica como la casa propia. Si confían en Dios, él hará fructificar el trabajo y proveerá todo esto y más. De lo que sí hay que preocuparse es de hacer lo correcto, buscando primero hacer lo que es justo ante Dios para que todas estas cosas sean añadidas (Mateo 6:31-33).

El problema de la escasez de viviendas es complejo. Involucra a legisladores, autoridades, abogados, profesionales, fuerzas del orden, la ciudadanía, y también las iglesias. Requiere de voluntad política, previsión, firmeza, ayuda y sensibilidad social. Pero mientras esperamos que nuestras autoridades tomen mejores medidas, los creyentes tenemos la responsabilidad de instruir y animar a los invasores a seguir un camino mejor: el de la legalidad y la obediencia a Dios.




Publicado el 15 de enero del 2010

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