2010-08-23

Cuidado con las promesas electorales

Cuidado candidato con lo que prometes… Ten en cuenta lo que dice la Biblia: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:5). Que el afán por ganar votos y la presión de los partidarios no te lleven a ofrecer cosas que no sabes si podrás cumplir. Respeta al pueblo, dile la verdad. Respeta a Dios, él demanda la verdad. “No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios, porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra…” (Eclesiastés 5:2)

Basta ya de lo mismo. En nuestra historia democrática muchos políticos han hecho bastante daño prometiendo por demás e incumpliendo demasiado. Esa falta a los compromisos asumidos, produce en el pueblo incredulidad, desconfianza, y la desconfianza incentiva inseguridad, rebeldía y violencia. Si amas a tus paisanos no les mientas. No pienses en ganar “ha como de lugar”, hablando sólo lo que al pueblo le gusta oír, ofreciendo sin pensar, y peor aún: pretendiendo demostrar la veracidad de tus palabras regalando herramientas, repartiendo arroz ó dando cerveza. No ataques, no critiques, no rebajes al otro contendor. Que te conozcan por tus propuestas serias. El pueblo se merece respeto.

Por eso, antes de prometer algo, asegúrate que tu proyecto es viable, que conoces el costo aproximado de inversión, de saber cuánto suman la totalidad de tus propuestas, y cuánto suma los recursos regulares con que cuentas y los fondos a los que puedes acceder; planteando sino, la generación de otros ingresos.

Y el pueblo debe aprender a elegir.

Cuidado vecino con lo que oyes… Exige seriedad en las promesas. No te contentes con sólo recibir palabras, música y show. No sigas a quien sólo habla bonito, o a aquel que pretende comprarte con cosas ó un puesto de trabajo. No le creas a aquel que promete solucionar milagrosamente todos los problemas de la ciudad en cuatro años de gobierno municipal, menos aún si se presenta como el único salvador de la región
Vota por la persona. Vota por aquel que ha demostrado en su vida que es apto para el cargo, porque es notorio que ha cumplido con su familia, su trabajo, sus negocios. Vota por aquel que sustenta sus promesas con sensatez, traza un plan, manifiesta querer trabajar en equipo, está presto a oír, tiene capacidad de gestión.

Cuidado con las promesas electorales. Cuando escuches a un candidato no te contentes con sólo oír lo que ofrece hacer, sino exige que explique cómo lo piensa hacer. Y si estás postulando, recuerda que si te eligen, tendrás que cumplir todo lo que prometiste. No sólo para no defraudar a tu familia y a tu pueblo; si no porque Dios mismo ha oído todo lo que ofreciste… y a él tendrás que rendir cuentas.




Publicado el 21 de agosto del 2010

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