2012-01-12

Los dos caminos

Dos puertas, dos caminos, dos grupos de personas que lo transitan, dos destinos. Jesús dijo que sólo hay dos elecciones a tomar en esta vida y sólo una de ellas es para nuestro bien: 
“Entren por la puerta pequeña, por el camino estrecho; porque grande es la puerta y ancho el camino que lleva a la perdición y muchos van por ella; pero angosto es el camino que va a la salvación y pocos la encuentran".*

Así lo dijo el Maestro en la última parte de su “Sermón del Monte”, luego de enseñar el estilo de vida que deben seguir los que creen en él, explicando que aunque sea difícil, ese es el camino correcto, el único que conduce a esa vida que anhelamos, provechosa, bienaventurada y eterna. En cambio, ignorar sus enseñanzas es decidir ir por el camino fácil, cómodo, sin compromiso ni renuncia, en apariencia feliz, tal como lo asume la mayoría en este mundo, pero en realidad un camino de error y auto engaño.

Según Jesús, la mayoría se equivoca. Respecto a la ética y la moral, respecto a cómo debe ser nuestra relación con Dios y los hombres, la mayoría no tiene la razón y no deberíamos seguirlos. Ejemplos por demás: la mayoría en nuestro país asume como parte de su cultura el ser impuntual, faltar a la palabra, quedarse con lo ajeno, falsear documentos, coimear, y pretextarse por motivo de la mal llamada “viveza criolla”. En nuestro mundo occidental, para la mayoría es normal tener relaciones sexuales sin estar casado, o tener un encuentro amoroso fuera del matrimonio. Muchos son los que ya no creen en ese matrimonio “para siempre”, y cada vez son más los países que aprueban el “matrimonio” homosexual, así como el aborto y el uso de las drogas. Pero con un estilo de vida así, en una sociedad que propugna “si te sientes bien hazlo” y proclama con orgullo “yo hago lo que me da la gana”, contrario a las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles, sólo nos lleva al desorden, al caos moral, a una agonía social por falta de rumbo, de valores, de sentido y propósito; cumpliéndose lo que dice aquel proverbio, que “hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte”.*

El Gran Maestro dice: “¡cuidado! no sigas a la mayoría”, no sigas como borrego lo que los medios de comunicación promueven, y lo que los amigos y la filosofía de este mundo dicen. ¡Hay un camino mejor! Es cierto que no es popular, no tiene una puerta grande, no es fácil de transitar (porque requiere cambio, sometimiento a la voluntad de Dios, perseverar en fe, y quizás soportar burlas y rechazo) pero es el único que nos lleva a feliz destino y Jesús vino a guiarnos por él.

Todos transitamos por la vida por uno de estos dos caminos. No hay camino intermedio. No hay un tercer destino. O se sigue a Jesús aquí y ahora, en la tierra, para continuar con él en el reino de Dios; o se camina sin él en esta vida, para pasar a la eternidad igualmente sin él y sin Dios. En los escritos cristianos, bíblicos, no hay limbo ni purgatorio. No habrá otra oportunidad sea por reencarnación o alguna oración. En las enseñanzas de Jesús y en la de sus apóstoles no encontramos ningún asidero a esas declaraciones tan populares que “todos los caminos conducen a Dios” o que “todos entrarán al reino de los cielos”. Lo que sí encontramos en la Biblia es que cada quien tiene la libertad de tomar su decisión, y que Dios invita a todos sin distinción, a seguir el angosto camino de la fe.

¿A dónde queremos llegar? El destino que buscamos determinará nuestro camino. Porque si el tipo de vida que estamos llevando no corresponde al camino que Jesús trazó para nuestro bien, todavía estamos a tiempo de cambiarlo. Jesús dijo*: 
“Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo…”, “Yo soy el camino… nadie viene al Padre si no por mí”. 

* Mateo 7:13,14; Proverbio 14:12; Juan 10:9; 14:6



[Publicado el 21 de enero del 2011]

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