Poncio Pilatos y nuestros políticos

Representaciones por las calles y películas por la televisión. Cada Semana Santa recordamos la entrega de Jesús de Nazaret; y con él, a un discípulo que lo traicionó, a otro que lo negó; a religiosos cegados por su orgullo y avaricia; y a una clase política que se parece mucho a la nuestra. Cualquier parecido con la actualidad no es coincidencia.

Como todo político, Poncio Pilatos cuidaba su índice de popularidad. Buscaba contentar a la gente y quedar bien con personajes influyentes, como autoridades religiosas y personas involucradas en grandes negocios. A este político no le parecía relevante si lo que le pedía el pueblo era innecesario, incorrecto, perjudicial o injusto. Su lógica le decía que era más conveniente darles lo que pedían.

Pilatos tenía una reputación y un puesto que cuidar. Si buscaba contentar a los judíos era sólo porque le interesaba ser “reelegido” por el emperador. Por lo que no debía arriesgarse en mostrar incapacidad para manejar asuntos extranjeros, ni podía dar algún pretexto a sus opositores (podían informar a Roma acusándole de salvar la vida a uno que se declaraba “Rey de los judíos”). Su carrera estaba en juego y había que cuidarla a cualquier costo. Aunque cueste la vida de un inocente.

Vemos a un político presionado y acosado por la opinión pública que reclamaba: “Este enseña que no debemos pagar impuestos a Roma”. “Si salvas a éste no eres amigo del César”, “no tenemos más rey que César”, argumentos maliciosos, falsos, porque lo que menos querían los judíos era seguir sometidos al imperio romano y pagar impuestos. Pero “así es la política”. Así era antes y lo sigue siendo hoy. Dicen que en estas lides todo vale y si se trata de tumbar al contrario vale mentir y ser hipócrita. Pilatos lo sabía. Sabía que a Jesús lo acusaban por envidia, que era inocente y no merecía la muerte. Este “Rey” no era ninguna amenaza para Roma. En el interrogatorio, Jesús le había respondido que su reino “no era de este mundo”, pues si así lo fuera, los suyos estarían peleando por él, usando la fuerza y las armas, como suelen hacer los reinos terrenales. El reino de los cielos es diferente, se basa en la verdad. Jesús le dijo*: “Yo vine para dar testimonio de la verdad”.

Pilatos se lavó las manos, cedió a la presión, fue débil para hacer lo que le ordenaba su propia conciencia. No fue honesto consigo mismo, no siguió la verdad, ni siquiera a sus propios temores (el acusado decía ser “Hijo de Dios”), y tomó una decisión “políticamente correcta”, aunque a todas luces moralmente incorrecta.  
Y vemos a nuestros políticos, muchos de ellos haciendo lo mismo, siguiendo el legado de Pilatos, actuando por conveniencia y no por justicia. Vemos a una población “necesitada” de terrenos para vivir, invadiendo propiedad ajena, pidiendo luego servicios de agua y luz, “facilidades de pago”, títulos de propiedad; exigiendo al alcalde que no los desalojen, que para “elogiarlo” ponen su nombre al nuevo asentamiento humano. Y el político cede. Cuando lo que realmente necesita el pueblo es hacerle cumplir la ley; y los gobiernos, establecer una planificación urbana, con proyectos integrales a mediano y largo plazo.

Vemos también otros grupos, ONGs, viniendo al congreso, a los ministerios, exigiendo aquello que va en contra de la vida, incluso de la naturaleza. Mujeres que exigen la plena y absoluta potestad sobre el ser que llevan en su vientre para “extirparlo” cuando ellas lo decidan; con el argumento que está en “su cuerpo”. O grupos de parejas de hombres que exigen que los casen y les den en adopción niños porque si no, el estado estaría incurriendo en falta por discriminación y homofobia. Y ante estas demandas, y otras más, necesitamos políticos que no se dejen presionar, que busquen la verdad y decidan en base a ella. Políticos que hagan caso a sus conciencias y no a alguna conveniencia. Congresistas que hagan lo justo, lo necesario y lo correcto aunque pierdan votos.

Necesitamos gobernantes que reconozcan que su autoridad les ha sido delegada, porque “no tuvieran ninguna, sino les hubiese sido dado de arriba”*, y con temor de Dios gobiernen no para sí mismos, sino para el bienestar del pueblo, dándole no siempre lo que piden, sino lo que realmente necesitan. 

*Juan 18:36-38; 19:10-11




[Publicado el 14 de abril del 2012]



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