2013-04-19

¡Devuelva ese celular que no es suyo!


Estaba en el centro de atención al cliente respondiendo una serie de preguntas para bloquear el número del equipo celular que había perdido. La señorita me pregunta: ¿fue por pérdida o por robo?, por pérdida – le contesté. Pero luego caí en cuenta: también fue por robo. Cierto que lo perdí llegando a la ciudad de Lamas, pero alguien lo encontró y en vez de responder a mis llamadas, decidió quedarse con mi celular, apagó el equipo y me lo robó.

¿Qué habría hecho usted...? ¿Se quedaría con un celular que no es suyo? (sea sincero en responder) ¿Estaría atento a la llamada de su dueño para indicarle dónde recogerlo o diría: “¡qué suerte! me encontré un celular” y se quedaría con él? Bueno, si es de estos últimos, espero que se de cuenta que es un ladrón de ocasión: Está dispuesto a robar cuando se le presenta la oportunidad, si el riesgo de ser atrapado es mínimo; pero por definición, si se queda con lo ajeno entonces es ladrón.

A comienzos de año mi esposa también perdió su celular. Lo dejó en un Motokar en Tarapoto. Llamamos al número y nada. Estaba apagado. Fuimos también al centro de atención de la empresa para bloquearlo, pero mientras esperábamos nuestro turno seguíamos intentando con las llamadas hasta que por fin contestó: Buenas, tardes – le dije – ¿Cómo puedo hacer para recuperar el celular que ha encontrado?...  Depende – me contestó – y hablamos de los montos de la “recompensa”. Acordamos que le daría S/.30.00 y que él vendría en unos minutos al local donde nos encontrábamos. Esperamos y esperamos. Esperamos más de una hora. Llamamos y otra vez apagado. Quizás le pareció que el monto ofrecido no alcanzaba para ser honesto. ¡Qué difícil es encontrar personas que hagan lo correcto, aun cuando recibirán un pago!

En esa ocasión le comenté lo sucedido a un amigo motocarrista quien nos trasladaba, y nos contó lo que hace poco también le pasó. Uno de sus pasajeros dejó olvidado el celular en el asiento, pero no fue él quien lo descubrió, sino la señorita que le atendía en el grifo abasteciendo de gasolina. Ella fue quien no sólo lo vio, sino que se inclinó hacia el asiento, lo tomó y emocionada le dijo: ¡me encontré un celular! Mi amigo (quien es un cristiano practicante, líder y maestro en su iglesia) le pidió que le entregara el celular porque él podría devolvérselo a su dueño, pues justamente venía de dejarlo en el hotel. Pero ella se negó. Quizás creyó que le mentía y quería quedarse con ahora “su” celular. Quizás creyó que está bien encontrarse objetos metiéndose en vehículos ajenos. Quizás creyó (como muchos en estos tiempos) que las cosas son de los “vivos” que las encuentran y no de los “sonsos” que las descuidan. Y en un país con tantos que se creen “vivos” se va matando la práctica de los valores de la honestidad y el servicio, solo para  vivir con más desconfianza, inseguridad y malestar.


Un objeto perdido no es un objeto sin dueño. No es de quien lo encuentra sino de quien lo compró; por lo tanto no se esconda ni se quede con lo ajeno. Si encuentra una cartera o una billetera con documentos, y tiene el número telefónico del dueño, llámelo y devuélvaselo. Hará un gran bien porque le evitará hacer denuncias, gestionar el duplicado de sus tarjetas, sacar un nuevo DNI, y pagar por ello, aparte de recuperar el dinero que con tanto esfuerzo pudo conseguir (porque no le robará el dinero ¿no es cierto?). Y si encuentra un celular, manténgalo encendido, espere la llamada de su dueño y haga un bien: ¡Devuélvalo! Así contribuirá a hacer de esta, una mejor ciudad (imagínese esta acción replicada por cientos). Pero lo mas importante es que no ofenderá a Dios quien le está viendo. Porque si ni lo sabía, tome nota de lo que escribió el apóstol Santiago*: “El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, peca”.

Ahora ya lo sabe.
*Carta de Santiago cap.4; vs.17



[Publicado el 20 de abril del 2013]

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