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En Democracia hay que saber perder

Como sucede en la vida, a veces se gana, a veces se pierde. Aceptar la derrota es parte de la madurez emocional de una persona y lo mismo podríamos decir de una población. Respetar la decisión de la mayoría y confiar en las instituciones encargadas de las elecciones y el nombramiento de las autoridades, son características de una sociedad que ha aprendido a vivir en democracia.

¿Por qué los pastores cobran los diezmos?

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Una pregunta así presupone que los diezmos se cobran y los “cobradores” son los pastores, pero esto es totalmente contrario a la Biblia. Cobrar es recibir el pago de una deuda y los hermanos no le deben a la iglesia. Se cobra por vender algo, pero las bendiciones divinas no se compran con dinero sino que se reciben por gracia y fe. Cuando usted vea alguna “venta de bendiciones” o sepa de alguien que diezma  “para no ir al infierno”, los tales han cruzado los límites de la enseñanza bíblica y están muy lejos de ella.

Investiguen si hay algún justo

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Dijo Dios: “Recorran las calles de la ciudad y miren, investiguen e infórmense; busquen en sus plazas a ver si hallan un hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque la verdad; y yo perdonaré la ciudad. Miren y escuchen bien, porque aunque juren por mí, lo hacen falsamente”. “Sus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Los prosperé y adulteraron, usaron su dinero para ser infieles y visitar la casa de rameras con amigos. Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No debo castigar eso?”

Motivaciones para participar en la campaña electoral

Nos dirigimos al militante y al candidato que se encuentra en campaña para las elecciones municipales y regionales. Esto es lo que tenemos que decirles: Si usted está muy animado repartiendo volantes o marchando con globos y música por las calles, bien. Solo esperamos que lo haga pensando en el bienestar común, convencido de que su candidato es la mejor propuesta para el desarrollo de la comunidad, y no porque anhela un puesto de trabajo o algún beneficio para su negocio o pariente.

Lo que un cristiano hace por su país

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Pasó el mes de julio y los peruanos celebramos una vez más “Fiestas Patrias”. Embanderamos nuestras calles y pusimos "rojo y blanco" por todas partes; con desfiles, poemas, canciones y bailes nos sentimos más peruanos; disfrutamos de manera especial nuestra rica herencia culinaria y por las redes sociales nos decimos uno al otro: "tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz". Los cristianos expresamos además nuestra gratitud a Dios por la grandeza de esta tierra y el legado del país en el que nos hizo nacer. Pero como ese orgullo y gratitud no puede quedar sólo en palabras y festejos, nuestro amor a la Patria lo demostramos con acciones y hechos concretos. La Biblia nos lo ordena. Si bien los cristianos esperamos una patria celestial, hoy, ésta es la nuestra, y en las cartas de los apóstoles encontramos por lo menos cuatro cosas muy claras que un verdadero cristiano debe hacer por el país en el que vive.

¿Es usted una autoridad del pueblo?

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Si usted ejerce un cargo de autoridad no olvide que es Dios quien le ha puesto en tal cargo. La Biblia dice que “suyos son el poder y la sabiduría. Él cambia los tiempos y las épocas; quita reyes y pone reyes, da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos”. No interesa si ha sido elegido por votación o su cargo es de confianza. Dios sigue siendo el dueño y juez del mundo pero le ha delegado parte de su autoridad para que administre y gobierne su creación conforme a su voluntad. No lo olvide. Si usted es autoridad del pueblo tenga en cuenta que la voluntad de Dios es que sirva a sus pobladores y no que usted se sirva de ellos. El poder y la autoridad que tiene es un medio para lograr un fin: contribuir al bienestar de la gente y el desarrollo de la ciudad. Su cargo no es una oportunidad para ganar más dinero ni mucho menos aprovecharse de los demás. Siga el ejemplo de Jesús quien vino para servir y no ser servido.

La diferencia entre el justo y el injusto

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   “Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados,    ni va por el camino de los pecadores,    ni hace causa común con los que se burlan de Dios,    sino que pone su amor en la ley del Señor,    y en ella medita noche y día. Mire con atención a los que caen en actos de corrupción y comprenderá muy bien lo que dice el salmo bíblico*. La próxima vez que vea por la televisión a un congresista inhabilitado por tráfico de influencias, o a un juez atrapado por recibir una coima, o a un delincuente que agacha la cabeza en la comisaría junto a sus “compañeros”, recuerde este salmo y su advertencia: Quien va por “camino de pecadores” no vive feliz. Quizás tiene más pero no tiene paz, teme ser traicionado, huye, se esconde. Al final todos son atrapados.