El himno del peruano oprimido


Hay peruanos que no se sienten bien cantando el himno nacional. No por falta de patriotismo, sino por todo lo contrario. Ellos no consideran que sea saludable proclamar a viva voz su primera estrofa:

“largo tiempo el peruano oprimido la ominosa cadena arrastró; 
condenado a una cruel servidumbre, largo tiempo en silenció gimió. 

Mas apenas el grito sagrado: ¡Libertad!, en sus costas se oyó, 
la indolencia de esclavo sacude, la humillada cerviz levantó.”

Hace unos años un grupo de congresistas y ciudadanos pidió la eliminación de la primera estrofa por no pertenecer la versión original de José De La Torre Ugarte; sino que parece haber sido parte de una canción de esclavos añadida hacia finales del siglo XIX*. Los demandantes sostenían que esa letra no es fiel a la historia, pues no es cierto que los peruanos soportaron la opresión en silencio, ni es cierto que reaccionaron solo cuando llegó ayuda extranjera; maltratando así la memoria de nuestros héroes y próceres de la independencia, y afectando así nuestra dignidad.

Y cierto. Nuestra dignidad como peruanos aún está muy afectada. Pero no creo que lo sea tanto por la letra de la cuestionada estrofa sino por lo vergonzoso que significa aún seguir siendo esclavos de poderes aún más perversos y dañinos; ante los cuales pareciera que indolentemente nos mantenemos en silencio, esperando alguna ayuda exterior que para colmo de bienes, hace rato llegó.

No hay peor esclavo que aquel que es esclavo de sí mismo. Aquel que está sometido a sus propios deseos, pensamientos, sentimientos y desaciertos; incapaz para dejar aquello que hiere su ser y afecta a su salud, daña a su familia, o pone en riesgo a su trabajo y su futuro. Oprimido por el orgullo, la avaricia, el odio, el remordimiento y la venganza; preso de su baja autoestima, desesperanza y conformismo; con la cerviz inclinada para ceder ante la vida fácil, sumiso frente a la abundancia de la cerveza ó arrastrado por sus impulsos sexuales sin importar si lo que hace es correcto o no. La más terrible opresión que sufre un peruano, no proviene de un poder extranjero como fue el Imperio Español; ni siquiera de la que proviene de sus propios compatriotas;,sino la que nace de su propio ser.

Hace largo tiempo que el grito ¡libertad! se oyó por todo el mundo. Y como bien dice nuestro himno, es un grito sagrado. Viene de lo alto y proclama libertad para el espíritu del hombre. Es el Espíritu del Creador del Universo que ofrece liberación de sus propias faltas y poder para vencer su innata tendencia al mal. El libertador es Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Hijo del Hombre, quien dijo a sus seguidores: “Si permanecen en mis enseñanzas, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres… Todo aquel que hace lo malo, se vuelve esclavo de lo malo que hace… así que si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres.” (Evangelio de Juan 8:31-36)

En todo el mundo, reflexiones como estas han inspirado otra clase de himnos. Quienes lo cantan reconociendo su condición, reciben respuesta a su oración; como aquel himno cuya letra dice:
“Oh, Señor, procuro en vano mi conducta reformar, pues ningún poder humano santidad me puede dar… Mira pues mi insuficiencia, muestra en mí tu gran poder; manifiesta tu clemencia y de nuevo hazme nacer.”

Aunque duela reconocerlo somos un pueblo oprimido. Tenemos un himno que declara que somos libres e independientes como nación (¡y gracias a Dios por ello!) pero es notorio que espiritualmente nuestro pueblo sigue oprimido por el pecado y el diablo. Esto no tiene que ser así, hay poder en Jesús.



Publicado en el diario VOCES el 30 de julio del 2009

* Nota de edición posterior:  Esta primera estrofa no se canta más en actos oficiales desde setiembre del 2009, sino la sexta. En agosto del 2010, el ministerio de educación dispuso que en los centros educativos se cante sólo la sexta estrofa. En el 2005 el Tribunal Constitucional había declarado fundada en parte la demanda. La primera estrofa no estaba en la versión original, pero al haber sido puesta por decreto hace casi un siglo atrás, debía considerarse como parte del himno. Esto no implica que sea obligatorio cantarla.





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