2011-07-11

Homosexualidad: Reorientar y No Promover

El artículo anterior trató acerca del deber que tenemos de respetar los derechos de los ciudadanos homosexuales, más no de promover la homosexualidad. Terminé expresando que muchos de la población LGTB necesitan ser reorientados antes que ser motivados en su conducta, y que esta reorientación es una responsabilidad de la que muy poco se oye en los medios de comunicación, por especialistas o legisladores.

Muchos homosexuales se ofenden cuando se habla acerca de una “reorientación” sexual, lo consideran una manifestación homofóbica, un acto de discriminación, un atentado contra sus derechos. Cuando en realidad, es la actual promoción de la cultura gay la que les está quitando el derecho de conocer toda la verdad y acceder a otras opciones como la de recibir ayuda y orientación diferente.


Fíjese no más lo que se pretende con la «Propuesta de Proyecto de Ley de Igualdad y No Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género»; en su segundo borrador, en su artículo 10 acerca del Derecho a la Educación propone: “El personal educativo público o privado no puede obligar o incentivar a los educandos a someterse a tratamiento médico y/o psicológico con el fin de alterar o modificar su orientación sexual o su identidad de género”. Y en su artículo 11 dice lo mismo referente al Derecho de Salud, prohibiendo al personal de salud obligar o incentivar a que alguien se someta a un tratamiento “con el fin de alterar o modificar su orientación sexual o su identidad de género”.

Y claro, la prohibición contra los que quieran obligar es obviamente correcta. Pero que "por su derecho" se pretenda prohibir también a quienes quieran incentivar la heterosexualidad, entendiéndose con ello: proponer, orientar, animar (por ejemplo a un adolescente), con el fin de que reafirme su correcta identidad sexual y viva según el sexo con el que vino al mundo; entonces si eso no será posible... ¿de qué derecho hablamos? Si se le prohibirá a un profesor darle consejo, o a un psicólogo decirle que puede cambiar, entonces no se trata más que de una propuesta torpe, dañina y egoísta, pues vulnera precisamente los derechos que pretende defender. Porque ¿qué clase de “Derecho a la Educación” puede ser ese si no se puede enseñar con toda la verdad?, ¿qué clase de “Derecho a la Salud” es ese en el que estaría prohibido y penado ofrecer ayuda psicológica?

Pienso en una señorita decepcionada, que sufrió tanto por parte de hombres que sólo deseaban su cuerpo y que aprendió a preferir el amor de las mujeres. Pienso en un niño, ahora adulto, que por dormir con sus padres, de pequeño vio una y otra vez como su padre obligaba a su madre enferma a tener relaciones sexuales, la que finalmente murió de cáncer; y creció sin sentir atracción a las mujeres porque no soportaba la idea de “hacerle lo mismo” a otra mujer; sin embargo se siente atraído a los hombres, anhelando recibir el abrazo, afecto y el cariño del papá que nunca tuvo. Pienso en ese adolescente que fue abusado de niño y que al sentirse “usado” como mujer, su mente se ha “programado” para aceptar que “así deben ser las cosas”, e incluso ahora se viste de mujer. Pienso en todos ellos, porque tienen nombre, son casos reales, verdaderos.

Situaciones tristes, indeseables, traumas, que han desorientado sexualmente a muchos, y que no han podido reorientarse porque entre otras razones, la sociedad no les ayuda. Ellos necesitan ser reorientados, no estimulados. Sin embargo hoy se dice que la homosexualidad está bien, que es una opción totalmente buena, que se nace homosexual, y entonces... ¿qué de los casos como los que presento?, ¿dónde están los especialistas?, ¿dónde están los sicólogos?, ¿dónde están las autoridades y legisladores prontos ayudar a tantas personas cuyas tendencias homosexuales son claramente consecuencias de un trauma? ¿Será que es más fácil decir “todo está bien”?, ¿acaso promover antes que ayudar es políticamente más ventajoso? Ustedes respondan.

Autoridades, Legisladores: Velen por los derechos de todos. No promuevan la homosexualidad. Y si no están de acuerdo con la reorientación sexual, al menos, no impidan a quienes queremos ayudar en ello.




Publicado el 9 de julio del 2011

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