La maldad humana y la ira divina

Una breve explicación del comportamiento humano, del porqué de tanta maldad en el mundo, del porqué Dios “no actúa”, su ira, su paciencia y su justicia; respuestas según la Biblia que encontramos en los primeros capítulos de la Carta a los Romanos. A continuación, la paráfrasis de algunos pasajes:
La ira de Dios se manifiesta contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad estorban la verdad. Porque no tienen excusa, pues saben de Dios ya que él mismo se los reveló; porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, las entienden claramente a través del diseño en la naturaleza y el universo, por medio de las cosas hechas. Pero no le glorifican como a Dios, ni le dan las gracias, sino que siguiendo vanas reflexiones, se extravían en inútiles razonamientos y su necio corazón queda entenebrecido. Cambian la verdad por la mentira, honran la materia, adoran a seres creados antes que al Creador, profesan ser sabios pero son necios.
Por eso Dios los deja a merced de sus pasiones vergonzosas, los abandona a sus propios deseos impuros, de modo que llegan a degradar sus cuerpos los unos con los otros; pues aun las mujeres cambian las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encienden en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Como no toman en cuenta a Dios, Dios los deja para que sigan sus perversos pensamientos y hagan cosas que no convienen; atestados de toda clase de injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, opositores de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes, ingeniosos para el mal, rebeldes para con sus padres, insensatos, desleales, insensibles, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes entienden el juicio de Dios: que los que practican tales cosas son dignos de muerte; pero aun así, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
Y ninguno puede excusarse, pues incluso los que juzgan a otros se condenan a si mismos porque practican las mismas cosas. Dios es bondadoso, tolerante y paciente, pero nadie escapará del juicio de Dios si desprecia esa bondad que insiste en llamar al arrepentimiento. El que se obstina y no quiere volverse a Dios acumula castigo para el día del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: Vida eterna a quienes perseverando en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad. O sufrimiento y angustia a los que persisten en hacer lo malo y no obedecen a la verdad; sean religiosos o no; porque Dios no hace diferencia. No son libres de culpa los que conocen la voluntad y la ley de Dios, sino los que la obedecen.
Cuando alguien hace por naturaleza lo bueno demuestra que lleva esa ley escrita en su corazón. Tal como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos los acusarán o los defenderán el día que Dios juzgue los secretos de todos por medio de Cristo Jesús. Pero, ¿quién puede obedecer toda la ley de Dios?
Por eso, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios; su justicia por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen en él, sin excepción. Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria divina, pero pueden ser justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. 
*Paráfrasis Romanos cap.1:18-2:16; 3:21-26; 6:23
Versiones de la Biblia RV60, DHH, NVI



[Publicado el 11 de agosto del 2012]




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