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El santo del espejo retrovisor

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Todos conocemos al santo del espejo retrovisor. Casi no hay chofer de ómnibus o automóvil que no lo lleve consigo. Puede ser Fray Martín de Porras, Santa Rosa de Lima, Sarita Colonia ó la imagen de Jesucristo. Su presencia masiva en las unidades de transporte de nuestro país revela la convicción generalizada de sus conductores: ¡Necesitamos ayuda sobrenatural...! Se requiere de un santo para llegar con bien al destino. Y el santo está ahí. Cuelga del espejo retrovisor. En momentos mirando hacia el camino por delante, y en otros mirando al conductor, como si quisiera advertirle de algo. El chofer se propone adelantar en curva, toca al santo, se encomienda a él, acelera y ¡por las justas! no choca con el que venía en sentido contrario… y piensa “ese es mi santo”. Otra maniobra temeraria, un giro brusco a la izquierda, otro a la derecha, aceleración y frenada, y el santo pareciera salir volando… por la cadena que no queda estampado en el parabrisas. El chofer grita, insulta y se enoja....

No juegue con el diablo

Ya lo está oyendo. La canción está sonando todos los días por la radio y la Televisión; y le habrá hecho sonreír y hasta bailar con su festiva advertencia: “No juegue con el diablo, no juegue con el diablo. El diablo come candela… No juegue con el diablo. Y te puede agarrar y te puede comerrr…” Obviamente el diablo no come candela, ni creo que con ello se refiera a alguna adicción al cigarro. Tampoco se trata de un consejo para evitar jugar a “las escondidas” con un antropófago. Pero la advertencia, aunque suene divertida, no está lejos de una realidad que bien haríamos en hacer caso, y así evitarnos consecuencias poco graciosas en lo personal, familiar y social.

La verdadera felicidad

Todos los seres humanos queremos ser felices. La dicha, la paz, la satisfacción en la vida son deseos universales. Nadie se propone ser infeliz. Nadie busca vivir una vida de desdichas y frustraciones. Sin embargo la infelicidad y la insatisfacción en la vida es mucho mayor de lo que podemos imaginarnos. Hay por lo menos dos consideraciones importantes que se debe recordar al buscar la felicidad: Para encontrarla hay que buscarla en el lugar correcto. No se encuentra verdadera felicidad “haciendo lo que uno quiere”. La felicidad no está en las cosas que uno obtiene. No se halla en algún hombre ó una mujer, ni en los hijos que se pueden tener. No es verdadera felicidad aquella que se pretende adquirir con dinero, títulos, fama ó placer. Cierto que por medio de ellas logramos satisfacer ciertas necesidades, disfrutar de momentos gratos, desarrollarnos, ó demostrar amor… pero no es verdadera felicidad.

¿Está pensando en postular?

Si alguno anhela ser elegido para un cargo en el gobierno local ó regional, “buena obra desea. Pero es necesario que el que pretende dirigir al pueblo sea irreprensible, fiel a su compromiso con su mujer, y llevar una vida sobria, juiciosa, respetable. Debe ser prudente, saber apreciar a la gente y tener aptitudes para el cargo que aspira. No debe ser dado al licor; ni pendenciero o pleitista, sino amable, pacífico. No debe ser avaro ni codicioso de ganancias deshonestas. Debe ser veraz, sin hipocresía ni dobles discursos. Es importante que sepa gobernar bien su casa, mostrando en su vida familiar buen trato, orden, responsabilidad y sabiduría; porque si no sabe gobernar su propia casa: ¿cómo podrá dirigir bien a todo un pueblo? Quien postula y quiere ser una autoridad, no debe ser presa fácil del orgullo y la vanidad. Incluso hasta debería ser respetado por sus oponentes”.

Un llamado a la Iglesia

La autocrítica siempre es necesaria. Ya sea de manera personal, o en grupo, si está basada en la verdad, aunque no sea agradable hacerla, siempre será buena y necesaria. A veces alguien levanta su voz, ya sea con una prédica, escritura, poema o canción y nos hace recordar las cosas básicas, fundamentales de lo que Cristo espera de su Iglesia, de todos aquellos que profesamos seguirle. Una de esas voces es la de Marcos Vidal. Cantante, compositor y pastor evangélico, que a través de su canción “Cristianos”, hace una comparación de lo que fueron los primeros seguidores de Cristo, con lo que somos ahora: Antes les llamaban “nazarenos”, después “cristianos” hoy no saben ya como llamar a cada grupo, hay tantos... Antes al mirarles se decían: "¡Ved como se aman!", hoy al contemplarlos se repiten; ¡"Ved como se separan"! ¿Quién sabrá quién de ellos tienen la verdad?

Reconociendo al verdadero amor

No es fácil reconocer el amor verdadero; menos aún cuando se oyen tantos conceptos incompletos y equivocados en los que se presenta al amor sólo como un sentimiento ó pasión. El amor no sólo es un sentimiento. Es decisión, acción, es buscar la felicidad y el bienestar de la persona a quien se ama, dando lo mejor de sí mismo, y no sólo esperando recibir afecto, cuidados, comprensión ó placer. Así es el amor que hallamos en la Biblia. En el capítulo 13 de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios, se encuentra lo que muchos han denominado “el poema del amor”:

Consejos para los jóvenes

La vida se vive una sola vez, se va día a día, como el agua entre las manos, sin poder contenerla, sin poder “ahorrarla”, sólo con la posibilidad de aprovecharla bien… ¡Cuán importante es saber cómo vivirla! Por eso en la Biblia hallamos consejos para los jóvenes, (quienes todavía tienen “toda una vida por delante”) para que sean sabios y aprendan a vivir bien. Una de esas exhortaciones la encontramos en el libro de Proverbios, en los capítulos 1 y 2 ; y que en esta oportunidad transcribo algunos versículos de la traducción “Dios habla hoy”. Como si la sabiduría tuviera voz, ella misma llama y clama tratando de imponerse sobre otras voces de este mundo, más ruidosas, más llamativas, pero equivocadas; pidiendo que la tomen en cuenta, que la reciban… antes que sea demasiado tarde: Por calles y avenidas la sabiduría hace oír su voz; proclama sus palabras por las puertas, por los puntos más concurridos de la ciudad: