Reflexión Bíblica para Semana Santa

Quizás alguno pueda ofrecerse para morir en lugar de una persona honrada. Puede ser que alguno esté dispuesto a dar su vida por las personas buenas; pero Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún desagradecidos, malos, egoístas, perversos… pecadores, Cristo murió por nosotros.
Porque no hay justo ni aún uno. Todos hemos cometido injusticias, todos hemos mentido, hemos dañado de alguna manera a alguien, hemos optado por lo malo antes que por lo correcto y justo. Por lo tanto, todos estamos destituidos de la presencia del santo y justo Dios.

Y como todos sabemos, quien hace mal, lo debe pagar. La paga del pecado es muerte; muerte espiritual, muerte física y muerte eterna. comprobamos esta verdad a diario y por todos lados; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

En Cristo somos perdonados. Dios ofrece aceptarnos y tratarnos como si nunca hubiésemos hecho algo malo. ¡Somos declarados justos por medio de la obra de Jesucristo! Por supuesto, esto es algo que ninguno de nosotros merece, pero cualquiera puede ser justificado gratuitamente mediante la redención que es en Cristo Jesús. Él nos ha redimido, es decir, ha pagado con su vida nuestra liberación de la sentencia a la cual hemos sido condenados.

Porque Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados. A Jesús, quien nunca hizo nada malo, se le trató como a pecador, él llevó nuestras injusticias, fue el sacrificio por nuestros pecados, para que todo aquel que cree y se arrepiente, pueda recibir el perdón y la propia justicia de Cristo; de tal manera que cualquiera puede restablecer su relación con Dios por confiar en él. Justificados, pues, por la fe, todos podemos tener paz para con Dios, (y por consecuencia paz con uno mismo y con los demás). Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; ahora todas son hechas nuevas.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién los condenará? Cristo es el que murió, más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?... ¡nada!

Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; les rogamos en nombre de Cristo: reconcíliense con Dios. ¡Hoy es el tiempo aceptable! Este es el momento. Hoy, y no mañana es el día de salvación.


* Citas tomadas de la carta a los Romanos cap3:10; 23-24; 4:6-8; 5:1; 8:32-35;
2ª Carta a los Corintios cap5:17-6:2

Publicado el 16 de abril del 2011

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