2012-03-02

El Santo de mi devoción

¿A qué santo se encomienda usted? ¿No lo hace? ¿Está buscando uno? La historia que narro a continuación trata justamente de eso, de alguien que buscó encomendarse a un santo protector. Quizás puede ayudarle a usted también.

Alejandro, un joven marino de la armada peruana, se alistaba a partir en su primer viaje por alta mar. Era la primera vez que saldría de su patria, y con el entusiasmo y los preparativos propios de la tripulación, días previos al viaje, notó que varios de sus compañeros llevaban consigo una “estampita”, una imagen del santo de su devoción que la colocaban en su camarote o la portaban en su cuello… “Me lo dio mi madre”, “Este es bien milagroso”, “Es el patrono de mi pueblo”, “A él me encomiendo”… eran algunos de los comentarios que les oía decir y que le causó gran preocupación porque hasta ese día él no era devoto de ningún santo, y si estaba a punto de zarpar a los Estados Unidos de Norte América le urgía conseguir uno para que lo guiara y protegiera.

Alejandro recordó que su madre quería que fuese cura, así que pensó en escribirle y pedirle que le diga a cual santo debiera encomendarse. Pero la carta no retornaría a tiempo (eran los años 1950) por lo que él mismo tendría que escogerlo. 
Empezó su tarea de búsqueda, a preguntarse y responderse a sí mismo: “¿Podría ser devoto de Santa Rosa de Lima?... Pero ella es de Lima y yo nací en San Pablo, Cajamarca”. “¿San Martín de Porres?... puede ser, pero él es un santo peruano… ¿tendrá poder en lugares tan alejados del país? Yo voy a viajar mucho, ¿me oirá?... mejor que sea un santo mundial como San Pedro o la Virgen María…” y mientras cavilaba en esto, su lógica le llevó a una cuestión elemental: “¿Por qué mejor no me encomiendo directamente a Dios? Todo el mundo le pertenece, él está en todo lugar, tiene todo el poder… si él es mi protector no necesitaré de ningún otro santo”. Por supuesto, no llevaría consigo una imagen de él, pero sabía que tampoco lo necesitaba… “él lo sabe todo, él siempre me oirá”. Y así fue como Alejandro decidió que “su santo” sería Dios mismo.

Este devoto de Dios llegó a los EEUU, y para su sorpresa fue en este país que se encontró con Dios y pudo empezar a conocerle. Hizo amistad con personas que le hablaron de Dios según la Biblia (la que nunca había tenido oportunidad de leer), y en su propio idioma le explicaron cómo se podía tener una real comunión con Dios Padre. Descubrió que su decisión fue la correcta, que no necesitaba de nadie más, excepto a Jesucristo su Hijo, el único y eficaz mediador. Hasta ese momento había sido "cristiano" sólo por tradición, pero a partir de ese momento lo sería por propia decisión, y se bautizó.

Alejandro Sifuentes Burgos, mi padre; regresó al Perú siendo un hombre nuevo. En cuanto tenía la oportunidad hablaba de Dios a su familia, sus amigos y vecinos. Quería que todos descubrieran lo que él ya sabía: “Dios está cerca. Puedes venir a él, hablar con él por medio de Jesús, no necesitamos de otro. Él te guardará y sostendrá siempre, aún en los momentos más difíciles. Encomiéndate a él. “Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún más allá de la muerte”.*

Mi padre fue “devoto de Dios” hasta ese día. Unas semanas antes de morir me contó la historia que hoy comparto, en mayo del 2002. Y cada vez que la recuerdo me asombra la sencillez de la lógica usada, de fácil deducción, y sobre todo bíblica. Si creemos que existe Dios, entonces él es todo suficiente. Podemos confiar en él. Y como tal merece nuestro voto, nuestra dedicación, nuestra devoción. 

*Salmo 48:14




[Publicado el 6 de marzo del 2012]

2 comentarios:

  1. Hay que preguntarse por qué es que la devoción a los Santos es algo que viene desde el Cristianismo antiguo. Además, los Católicos también pueden tener unidad y comunión con Dios si ellos quieren, no necesitan de los Santos. Es sólo que se cree que con la intercesión de los Santos, a quienes se les pide en vez de Dios por pura humildad, Dios actuará más facilmente en nuestras vidas.
    Está bien lo que hacen los Evangélicos, porque no importa quien sea todos pueden ser Cristianos. Es sólo que quiero que entiendan que no hay nada de malo en los Santos.

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    1. Apreciado hermano ,pues por mas que sea yo protestante y usted católico nos une el amor por nuestro amado Padre Celestial . Me agradó mucho como usted se expresa sin dar lugar a exaspero o falta de educación que nunca llevan a nada bueno solo dan paso a la actuación del enemigo de las almas ,el diablo . Respeto mucho lo que quiso usted decir dando a entender la inocencia de la adoración a los santos y lo cual a nosotros los protestantes lo consideramos fuera del contexto Bíblico hasta el punto de que es idolatría . También es idolatría el amor al dinero pero mucho lo practican aun siendo cristianos de cualquier tipo . Pero yo queria darle un ejemplo no Bíblico pero que también tiene que ver con el hecho de considerar que todos los caminos llevan a Roma . Es el siguiente :vivo en Uruguay ,un país laico en el cual para solucionar el problema de tantas mujeres que morían en abortos ilegales (lo legalizaron) ;tantos chicos que consumían cualquier tipo de droga y morían (legalizaron el Canavis),para frenar las persecuciones y las discriminaciones a los homosexuales (legalizaron el casamiento homosexual ) y todo esto porque consideraron que no era tan malo .Pues aplicar la justa ley de Dios puede molestar mucho a mucha gente . Tu Biblia y la miá solo tienen unos libros mas pero las dos dicen lo mismo en Griego y Hebreo o Arameo . Es bueno meditar en ella sin dejarse llevar x lo que los hombres piensen o digan que es mejor . Lo expreso con todo respeto
      Un abrazo hno .

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